A mi me dijeron desde temprana edad “Sé tú misma”. Y mi cerebro a tan corta edad creo que le pareció fabuloso y seguramente ha de haber dicho “Qué increíble! puedo ser yo misma y así la gente me va a querer”.
Pero luego mi cerebro explotó y se confundió. Por todos lados me decían que “fuera solo yo misma” pero al mismo tiempo me decían frases como las que siguen:
- No hagas eso porque van a pensar que eres “esto”…
- Eso no es de niñas bien…
- Mejor has esto, porque esto no está bien visto…
- No hagas aquello porque así nadie te va a querer…
- Eso no te va a llevar a tener un buen trabajo…
Y entonces, en mi búsqueda de identidad, es que realmente por todos lados me dictaban cómo tenía que ser para ser aceptada y querida en una cierta sociedad en la que yo vivía. ¿Qué parte de ser “tú mismo” podías desarrollar si había tanta instrucción invisible de cómo tenía que “SER”.
Claro que no me di cuenta en ese momento, pero mis actitudes poco a poco cambiaron y se adaptaron a lo que me decían. Yo seguía esas reglas invisibles de las que me hablaban. En absoluto estaba siendo YO MISMA.
¿Has alguna vez escuchado del experimento con “la rana en agua hirviendo“?
Si tu pones a una rana en un contenedor con agua hirviendo, la rana va a saltar inmediatamente y salir de ese contenedor. Logrando así salir escapar.
Si en vez de eso, la pones en un contenedor con agua fría (o al tiempo) y vas calentando poco a poco el agua hasta su ebullición, la rana no se va a dar cuenta del peligro en el que está y morirá cocinada.
Creo que así pasa con nosotros cuando hablamos de ser nosotros mismos. Nos compramos la idea que tenemos que ser de una cierta manera. Poco a poco, lentamente, ni siquiera nos damos cuenta que estamos adaptándonos a algo que nos dictan de manera invisible. Que si esto está bien o está mal; que si es justo o injusto; que si es bello o feo; que si es normal o anormal;
No me sorprende en absoluto que a veces una parte de nosotros esté luchando con la identidad que nos fue impuesta y que nosotros “voluntariamente” adaptamos. El otro día estaba justo reflexionando sobre este tema por una conductora de un programa muy famosa. Ella ha sido pionera y ha hecho grandes cosas a través de su programa. Durante la pandemia, fue altamente criticada en los medios digitales y hasta levantaron una investigación interna por las alegaciones de varios ex-empleados del programa. Ella era conocida como “la mujer amable”. Y ella misma decía que había entendido que no era bueno que le hubieran puesto esa etiqueta, pues cualquier acto que otros consideraran no amable, la hacía tener problemas y que las personas hasta un grado, llegaran a pensar que estaba mintiendo.
Ella decía que aunque era excelente actriz, era imposible actuar por 17 años una personalidad que no era real. Agregó que eso que veían era ella. Pero como todos, era también humano. No siempre estaba feliz, que también se enojaba, también se ponía triste, también tenía sus días no, también cometía errores. ¡Me fascinó! Me sentí identificada tantísmo.
Cuando me fui a Italia, mi cerebro explotó nuevamente. Ahí eran otras reglas. Muchas de las cosas que en mi país me dijeron que no se podían hacer porque eran mal vistas, ahí sí se podían hacer y no te iban a juzgar. Era como una corriente de aire fresco. Aprendí muchas cosas, y empecé a romper creencias. WOW! Era algo que no conocía pero me gustaba cómo me sentía.
¿Y qué crees? cada que regresaba a mi país, con mi nuevo pensamiento y mi nueva libertad, pronto fui altamente juzgada. Pero poco a poco aprendí a no escuchar más que a mi corazón y lo que yo quisiera hacer. Pero te debo confesar algo… me invadían muchas preguntas y me cuestionaba muchas cosas. A veces me preguntaba si ser yo misma era lo que realmente estaba haciendo o era simple rebeldía de hacer el contrario de lo que los demás querían que yo hiciera. Eso no ha cambiado con los años.
Desde entonces, y ya son más de dos décadas, que estoy buscando significados de las cosas y encontrándome. Empezó mi camino al descubrimiento de mi misma, de conocerme.
¿Y sabes cuál ha sido la mejor cosa de ese proceso? Que al conocerme más, he podido entender muchas de mis acciones y reacciones, pero también me ha dado la posibilidad de entender a otras personas. Por último y no menos importante, ha sido la razón por la cuál he entendido cómo hablarle a mis clientes dependiendo quién tengo enfrente. Para mi no existen las fórmulas de venta, ni sirve el discurso de venta generalizado. Por que cada persona que tienes enfrente es distinta, como lo eres tú. Conocerme me ha ayudado a saber expresar mi servicio de miles diferentes maneras para adaptarme a los demás. Era importante que ellos (mis clientes) sintieran que yo no quería cambiarlos, que no quería hacer mi voluntad, sino que iba a plasmar lo que ellos deseaban a través de mis conocimientos. Entregarles resultados sin juzgarlos (ya fueran ideas locas o su presupuesto).
Piensas que con los años te vuelves más sabio y que vas madurando, que ya no va suceder que te digan quién debes ser o cómo debes comportarte. You think you know better! Y un día te despiertas y te sientes perdido… te cuestionas si lo que estás haciendo es lo que realmente quieres. De nuevo, lentamente las ideologías, lo que te dicta la sociedad, te envuelve o te confunde. O simplemente no quieres aceptar que estás cambiando, que ya quieres otra cosa. Que la tú de antes ya no es la yo de ahora.
Si te detienes y te bajas un poco del trun trun del día a día, podrás analizar y reflexionar sobre ti. Al menos eso hago yo (ojo, las cosas que hago yo pueden aplicar para ciertas personas, pero para otras no). Me doy cuenta de que tengo que hacer una pausa para reflexionar sobre mi, cuando siento que la cabeza va a mil por hora pero al final del día no he concretado mucho o no estoy entusiasmada. En estos lapsos, las redes sociales no ayudan mucho, hasta llegan a confundirte más. ¿Te imaginas si eso hace con una persona “ya grande y madura” (jajaja) qué hará con un adolescente? <– ese es otro tema para otro post.
Lo increíble de la vida es que ¡se vale cambiar de idea! Lo digo siempre en el XYZ… ¡se vale! Y como diría esa frase famosa que me encanta “Si usted me conoce basado en lo que era un año atrás, usted ya no me conoce más. Mi evolución es constante. Permítame presentarme de nuevo”. O como yo lo veo “Me presento de nuevo, la persona que conociste hace un año, hoy ya es otra”, no es que esté cantinfleando, pero ese es como yo lo interpreto.
Vamos evolucionando constantemente, y a veces la caja en la que nos metemos nos empieza a quedar chica o grande. Nuestra esencia no cambia, pero muchas cosas más sí. Puede ser que queramos hacerle un hoyo a la caja para sacar una de nuestras manos, porque no comprendemos que “esa” caja ya no es para nosotros. Tal vez sea hora de cambiar de caja. Pero hay algo dentro de nosotros que no permite que la cambiemos. Pero al entendernos (y eso puede llevarnos un buen rato) podremos dejar esa caja y cambiarla. ¿Te ha pasado?
Esta revelación me llegó al tomar un curso de Tanatología. Ya había tomado miles cuando murió mi papá, cuando estaba en búsqueda de un sentido de la vida. Quería que dejara de doler tanto. Ningún curso de esos me ayudo a entender lo más importante: no es que me fuera a dejar de doler ever in the life, lo que iba a aprender era a vivir con esa grietota en mi corazón. Pero bueno, ese es otro tema… El caso es que en este curso que tomé este año (2020) se me abrieron las puertas de las posibilidades al entender todos los tipos de pérdidas que hay y que se estudian con la Tanatología. De verdad ¡mi cerebro explotó! Sin pensarlo o sin realmente estar consciente del proceso, empecé a tener paz de muchas cosas que no estaba entendiendo.
No entendía por qué me sentía tan perdida si lo tenía todo. Entender que mi cerebro me estaba jugando chueco (pero normal) fue importante. De verdad sentía que había perdido mi identidad, pero en realidad es que estaba forjando otra. Construyendo otra. Al aceptar eso, podía ser capaz de afrontar mi nueva realidad y adaptarme a ella desde el amor (no necesariamente con amor ehh).
Así también entendí, finalmente, lo que también me estaba pasando cuando me mudé de nuevo a Europa. Saber que era parte de mi proceso y no que estaba defectuosa, ha hecho que el viaje sea más interesante y que pueda disfrutar hasta las “pequeñas cosas”. Que de pequeñas no tienen nada.
Con este tipo de entendimientos (que cuestan un chingooo!!!) es que también uno logra adaptarse a un estilo de vida “impuesto” en una nueva normalidad como lo es la pandemia.
Está bien sentirse “perdido”, pero es nuestra responsabilidad ayudarnos a encontrarnos nuevamente. Y sí, efectivamente ser nosotros mismos, aunque se vayan de nuestras vidas unos cuantos.
Hoy me voy a descubrir, lo que soy ahorita; con lo que he sido, con lo que no he sido, en lo que me he convertido y hacia dónde voy ahora…
ATRÉVETE, a la edad que sea, encontrarte. A ser realmente tú mismo. Y descifrar lo que realmente quieres ser, aunque en el momento, sea otra persona. Eso no quiere decir que la persona de antes era una “falsa” sino que esa otra persona ha evolucionado y ahora es otra. Atrévete a destruir esas creencias en la mente que, muy a menudo, hacen que nos limitemos en lo grandiosos que somos.
POSIBILIDADES:
- CAMBIAR de idea ¡se vale! Si ya no quieres hacer ese trabajo o ya no quieres seguir con el mismo M.O (modus operandi) o quieres dedicarte a otra cosa. O de emprendedor cambiar a un trabajo con sueldo o viceversa. O que de emprendedor quieras ser ama o amo de casa. Pero ojo, ser conscientes que cada cambio conlleva una pérdida emocional y que hay que trabajarlo.
- Una mente ofuscada, obtiene resultados ofuscados o nulos. Una mente a todo lo que da, hace las cosas que están realmente en su corazón. Cuidarnos la mente no se trata de “echarle ganas” o “hacerlo con huevos”. Hacerlo con pantalones debería de ser ir a terapia. No siempre podemos solos. O si lo quieres ver de diferente manera, como yo, es para acortar el proceso, pues con ayuda profesional (no los peleles) se va más rápido.
- Si te sientes confundido entre lo que sientes y lo que “te dictan” los mensajes exteriores, tómate una pausa reflexiva y aprende a entenderte. Descubre si estás siendo tú mismo o estás siendo una construcción de lo que afuera te dicen que debes de hacer.
- Es mejor evitar normalizar las cosas que nos impiden avanzar.
